
Dimite el jefe de Sargadelos al ser rechazado uno de los ERE
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1. Una canción que te recuerde a tu infancia: Esta
2. Una canción con la que puedes relajarte: Esta
3. Una canción que te recuerde algún viaje de vacaciones: Esta
4. Una canción que sea tu placer culpable: cualquiera de estas pero por la lata que me dan l@s demás jajaj
5. Una canción que te acompaña cuando estás con penas de amor: Esta
6. Una canción que probablemente más has escuchado: PENSÁNDOLA
7. Una canción instrumental que es tu favorita: Esta
8. Una canción que te gusta especialmente por su letra: Esta
9. Una canción que es la que mejor te representa: PENSÁNDOLA
10. Una canción que te recuerda una ocasión especial: Esta
11. Una canción que te permite liberar tensiones: Cualquiera como esta que me permita bailar y gritar a pleno pulmón
12. Una canción que le dedicas a tu mejor amigo(a): Esta
13. Tu canción favorita: Esta
14. Una canción que tú piensas que a nadie le gusta excepto a ti: De este tipo
15. Una canción que deseas que sea tocada en tú funeral: Supongo que esta


Morir no duele mucho:
nos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:
la costumbre del sur, cuando los pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:
los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,
Nos teus olhos altamente perigosos
vigora ainda o mais rigoroso amor
a luz dos ombros pura e a sombra
duma angústia já purificada
Não tu não podias ficar presa comigo
à roda em que apodreço
apodrecemos
a esta pata ensanguentada que vacila
quase medita
e avança mugindo pelo túnel
de uma velha dor
Não podias ficar nesta cadeira
onde passo o dia burocrático
o dia-a-dia da miséria
que sobe aos olhos vem às mãos
aos sorrisos
ao amor mal soletrado
à estupidez ao desespero sem boca
ao medo perfilado
à alegria sonâmbula à vírgula maníaca
do modo funcionário de viver
Não podias ficar nesta casa comigo
em trânsito mortal até ao dia sórdido
canino
policial
até ao dia que não vem da promessa
puríssima da madrugada
mas da miséria de uma noite gerada
por um dia igual
Não podias ficar presa comigo
à pequena dor que cada um de nós
traz docemente pela mão
a esta pequena dor à portuguesa
tão mansa quase vegetal
Mas tu não mereces esta cidade não mereces
esta roda de náusea em que giramos
até à idiotia
esta pequena morte
e o seu minucioso e porco ritual
esta nossa razão absurda de ser
Não tu és da cidade aventureira
da cidade onde o amor encontra as suas ruas
e o cemitério ardente
da sua morte
tu és da cidade onde vives por um fio
de puro acaso
onde morres ou vives não de asfixia
mas às mãos de uma aventura de um comércio puro
sem a moeda falsa do bem e do mal
Nesta curva tão terna e lancinante
que vai ser que já é o teu desaparecimento
digo-te adeus
e como um adolescente
tropeço de ternura
por ti
En O Castro trabajan, en la actualidad, 106 personas. En Sargadelos, 120. La dirección de la empresa ya ha sometido a los operarios a dos expedientes de regulación de empleo temporal: uno, terminado, por el que no pararon nueve días al mes durante medio año, y otro, en vigor, que les ha reducido 100 días en ocho meses. La producción a medio gas ha provocado, incluso, que se rechazarán pedidos de piezas, al no haber capacidad para entregarlos a tiempo. Y aunque los propietarios habían prometido a los asalariados que no habría despidos, ha dado marcha atrás. Este periódico intentó ayer, sin éxito, obtener una explicación de la gerencia de la compañía.
Fuentes de la plantilla aseguran que no se trata del primer incumplimiento de Sargadelos. Cuando la empresa negoció con los sindicatos del comité de empresa -UGT, mayoritario, y Comisiones Obreras- la programación de los dos EREs, se comprometió a respetar las pagas extraordinarias, pero no lo hizo.
El martes, la dirección que desplazó al histórico fundador del Sargadelos moderno Isaac Díaz Pardo de todos los cargos que ostentaba en el entramado de sociedades se reunirá con el comité con intención de pactar las 64 bajas. Será la primera vez que lo hagan desde que en junio expusieron ante la plantilla sus intenciones dirigidas, principalmente, a los mayores de 55 años. Y aunque, señalan varios trabajadores de O Castro, la empresa advirtió a los empleados de que no debía aparecer nada en la prensa, periódicos coruñeses como La Opinión y El Ideal Gallego han informado de la situación. En Cervo, donde se asienta la factoría de Sargadelos, el BNG ha denunciado la pasividad de Xunta y Ayuntamiento ante la posibilidad de que 34 de las 120 personas que allí trabajan se queden en el paro.
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Segismundo García & cía. (foto: P.Rodríguez)

“Cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil gritar…
está sufriendo su primera experiencia de sumisión”
Michel Odent



Funcionarios públicos y sueldos congelados
En 1956, Dolores Medio escribió “Funcionario público”, novela desgarrada donde se narran las penurias de Pablo Marín, funcionario atado a un sueldo mísero que malvivía en un cuartucho junto a su mujer.
Tras las décadas siguientes de desarrollo, la figura del empleado público casi indigente, trasunto del cesante de novelón galdosiano, fue poco a poco hundiéndose en el olvido.
Pero en los últimos días, la cloaca política y mediática neoliberal ha babeado de placer ante los ecos de una posible congelación salarial a los funcionarios. Sin embargo, nada sería más injusto que pasar la factura de la crisis a este colectivo.
Así, en los momentos de hervor económico y ladrillazo, un encofrador podía duplicar el sueldo de un Técnico Superior de la Administración, y para conseguir que un albañil viniera a casa había, poco menos, que apuntarse en una lista de espera y cruzar los dedos.
Mientras los funcionarios perdían poder adquisitivo y realizaban malabarismos contables con el sueldo, miles de paletos de eructo, puti club y caspa montaban una constructora y juntaban billetes de quinientos euros como cromos. Legiones de jóvenes abandonaban los estudios y dejaban sus libros escolares criando polvo mientras se pavoneaban en coches refulgentes… ¿los funcionarios? Unos “pringaos, hombre, unos “pringaos”… ¿para qué estudiar?, ¿para qué invertir?, ¿para qué innovar?...
“España va bien”.
Y mientras tantos celebraban sus ganancias entre cubatas, risas, rayas de coca y “España va bien”, miles de hombres y mujeres habían inmolado sus mejores años junto a una taza de café cargado, un flexo y un temario de oposiciones. Con los codos clavados en una mesa, viendo la vida desfilar a través del claroscuro de un ventanal, a la espera del momento crucial y temible de los exámenes.
Pues bien, ahora resulta que, según los neoliberales, los efectos de aquellos excesos han de pagarlos los “privilegiados funcionarios”, precisamente el colectivo que apenas se benefició del auge económico y que, por supuesto, no provocó la crisis.
Según ese planteamiento no pidamos cuenta a las entidades bancarias que prestaron dinero sin las debidas garantías. No pensemos que las ganancias obscenas de la especulación acabaron en paraísos fiscales. No indaguemos en ayuntamientos y comunidades que dilapidaron millones encargando obras absurdas que enriquecieron a empresarios. No, no… todo esto que lo paguen los funcionarios.
Sí, los funcionarios, aquellos “pringaos” durante los años del falso esplendor económico. Sí, el juez que sacrificó como poco cinco años en una oposición terrorífica (aparte de los cinco de carrera) para ganar menos que muchos fontaneros. Sí, los miles de opositores que hubieron de recurrir al Lexatín, el policía que se juega la vida por mil quinientos euros mensuales, el auxiliar que no gana más de novecientos… ¡resulta que estos han de pagar la crisis y son unos “privilegiados”!
Y todavía el funcionariado español no se ha mentalizado que todas las ideas de congelación salarial y ataque a lo público responden a la sobrecogedora ofensiva de la derecha ultraliberal, que ha sustituido a la derecha “de toda la vida” y que presiona con una fuerza devastadora acoquinando a muchos gobiernos de izquierda que, contra su sentir, han de plegarse a estas medidas.
Pero los funcionarios españoles, en una suerte de suicidio colectivo, votan masivamente a la derecha actual. Y esta derecha neoliberal odia lo público. La doctrina ultraliberal es muy simple: que unos pocos se apropien y aprovechen del esfuerzo y trabajo de la mayoría. En la más genuina línea de Esperanza Aguirre y su entrega de los servicios públicos a codiciosas manos privadas.
En este sentido, que un funcionario votase a la derecha “de toda la vida” podía entenderlo, pero que vote a la actual derecha, la neoliberal, me parece tan esperpéntico como que Emilio Botín se afiliara al Partido Comunista Revolucionario.
Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor



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